¿Toda reparación implica zanja?
En la mayoría de tramos enterrados sí. El alcance lo marca lo que se vea en cámara, no una estimación genérica.
Hay atascos que no son suciedad: la tubería está rota, descentrada o hundida. En esos casos hacemos obras y reparaciones de alcantarillado en Sevilla, apoyándonos en la inspección con cámara para abrir solo el tramo que toca.

Hay averías del saneamiento que no se arreglan abriendo el paso, porque el problema está en la propia tubería. Las más habituales son cinco: el tubo roto o partido por el peso del terreno o por la edad del material; el tramo hundido, que deja un bache donde se acumula el agua; las raíces que entran por una junta y crecen dentro; las juntas abiertas o desplazadas, por las que el agua se escapa y arrastra tierra; y la contrapendiente, un tramo que sube en lugar de bajar y retiene todo lo que llega.
Todos tienen síntomas parecidos: atascos que se repiten en el mismo punto, olor que no se va, humedad en muros o soleras y, en los casos más avanzados, un hundimiento del suelo encima del tubo. Para saber cuál es y dónde está, se recorre la tubería por dentro con la inspección de tuberías con cámara. La grabación marca el tipo de daño y la distancia desde el registro, de modo que la obra se hace en el punto exacto y no a tanteo.
Cuando la inspección confirma el daño, la obra consiste en sustituir o reparar el tramo afectado: un trozo de tubería partida, una junta, una acometida que conecta el inmueble con el colector, una arqueta rota o un tramo de colector que ha perdido la pendiente. El objetivo es que el agua vuelva a evacuar hacia la red en condiciones y que no siga escapándose al terreno.
En comunidades de vecinos, la obra suele estar en zonas comunes —patios, garajes, portales— y se coordina con el administrador o el presidente. En locales y restaurantes se busca el horario que menos afecte a la actividad. En naves, los colectores y arquetas de patio suelen soportar el paso de vehículos, y eso se tiene en cuenta al reponer el firme.
Una tubería de saneamiento rota no siempre se ve. Las señales más claras son el olor a alcantarilla en patios, sótanos o junto a una pared; manchas de humedad que no se secan; un suelo que cede o se agrieta encima del trazado; desagües que tardan en vaciar en toda la casa a la vez; y, a veces, presencia de cucarachas o roedores que entran por la rotura.
Mientras llega el equipo, reduce el uso de agua en el inmueble —duchas, lavadoras, cisternas— para que no siga saliendo residual por la rotura. Si hay un hundimiento, no pises la zona ni dejes que pasen vehículos por encima, y señalízala si está en un paso común. Si es una comunidad, avisa al administrador para que facilite el acceso a arquetas y zonas comunes.
En los tramos enterrados, la reparación se hace casi siempre abriendo zanja. La diferencia está en el tamaño: con la cámara y la localización de arquetas se sabe a qué distancia está el daño, y la apertura se limita a ese punto en lugar de levantar todo el patio o la acera.
Cuando el tramo dañado es accesible —una arqueta, un registro o una tubería vista en un sótano o un garaje—, la reparación se hace desde ese acceso, sin abrir zanja. En cada caso te explicamos qué hay que abrir y por qué antes de empezar.
Además de viviendas, comunidades y empresas, trabajamos en edificios públicos y redes de saneamiento. En estos trabajos importan especialmente la coordinación de accesos y horarios con el responsable de la instalación, la señalización de la zona de obra y que quede constancia por escrito de lo que se ha reparado.
Un tubo partido vuelve a atascarse por muchas veces que se desatasque. La obra cierra ese ciclo.
La cámara y la localización evitan zanjas más largas de lo necesario.
Al terminar, el tramo vuelve a evacuar hacia el colector en condiciones.
El terreno cede sobre un conducto roto.
Se pueden cortar, pero la junta por la que entran sigue abierta.
El agua se escapa y arrastra tierra hacia la red.
Inspección y localización del tramo dañado.
Sustituimos o reparamos el conducto afectado.
Cerramos el punto y comprobamos que el agua circula.
En la mayoría de tramos enterrados sí. El alcance lo marca lo que se vea en cámara, no una estimación genérica.
Podemos orientar, pero una reparación seria necesita acceso y, a menudo, inspección. Pide visita.
Si hay rebose, hundimiento o el inmueble no se puede usar, se atiende como urgencia: el servicio urgente funciona 24 horas, 365 días. Una reparación que puede esperar se fecha después del diagnóstico.
Depende de dónde esté el tramo. Si la obra afecta a la vía pública o a zonas comunes, puede hacer falta autorización del ayuntamiento o acuerdo de la comunidad. Te lo indicamos al presupuestar, antes de abrir nada.
Sí. Tras el diagnóstico te explicamos qué tramo hay que reparar, qué hay que abrir y el importe. La obra empieza cuando lo apruebas.
Al terminar comprobamos con agua que el tramo evacua y, si hace falta, lo revisamos con cámara. Si el problema reaparece, llámanos y revisamos el tramo reparado.
Si el alcance no encaja del todo, estas fichas y guías cubren el trabajo complementario.
Marca el punto de zanja: no se abre el patio a tanteo.
Hace falta un acceso claro antes de decidir el tramo a reparar.
Si el tubo está entero, no hay obra: se limpia y se comprueba el flujo.
Cuándo el vídeo justifica una reparación y cuándo no.
Cuéntanos barrio, tipo de inmueble y si hay rebose. Te indicamos la visita. Si dudas entre un tramo, la red del edificio o un contrato, dilo en el formulario de contacto.